INSTITUTO NACIONAL
Departamento de Filosofía
Prueba de Diagnóstico para IIIº Medio
Nombre:___________________________ Curso:_____________ Fecha:_________
Estimado alumno, nuestro propósito es diagnosticar competencias relacionadas con definiciones de memoria, comprensión (traducir y extrapolar), análisis (empezar con un mapa conceptual o esquema articulado) y síntesis (resumen), juzgar con fundamento (evaluación). Reforzaremos los niveles del aprendizaje que lo requieran más.
Lea atentamente el siguiente texto.
UNA IDEA FUNDAMENTAL DE
[Nota: en Jean-Paul Sartre,
El Hombre y las Cosas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1960, pp. 25-27.]
“Él la comía con los ojos”. Esta frase y otros muchos signos indican bastantemente la ilu-sión común al realismo y al idealismo según la cual conocer es comer. La filosofía francesa, tras cien años de academismo, esta todavía en eso. Todos hemos leído a Brunschwieg, Lalande y Meyerson, todos hemos creído que el Espíritu-Araña atraía a las cosas a su tela, las cubría con una baba blanca y las deglutía lentamente, las reducía a su propia substancia. ¿Qué es una mesa, una roca, una casa? Cierto conjunto de “contenidos de conciencia”, un orden de esos contenidos. ¡Oh filosofía alimenta-ria! Sin embargo, nada parecía más evidente: ¿la mesa no es el contenido actual de mi percepción, y mi percepción no es el estado presente de mi conciencia? Nutrición, asimilación. Asimilación, decía el señor Lalande, de las cosas a las ideas, de las ideas entre ellas y de los espíritus entre ellos. Las potentes aristas del mundo eran roídas por esas diastasas diligentes: asimilación, unificación, identi-ficación. En vano los más sencillos y más rudos de entre nosotros buscaban algo sólido, algo, en fin, que no fuese el espíritu; no encontraban en todas partes sino una niebla blanda e igualmente distin-guida: ellos mismos.Contra la filosofía digestiva del empirio-criticismo, del neokantismo, contra todo “psicolo-gismo”, Husserl no se cansa de afirmar que no se puede disolver las cosas en la conciencia. Veis este árbol, sea. Pero lo veis en el lugar mismo en que está: al bordo del camino, entre el polvo, solo y re-torcido por el calor, a veinte leguas de la costa mediterránea. No podría entrar en vuestra conciencia, pues no tiene la misma naturaleza que ella. Creéis reconocer aquí a Bergson y el primer capítulo de Matière et mémoire.
Pero Husserl no es realista: este árbol sobre su trozo de tierra agrietada no cons-tituye un absoluto que entraría más tarde en comunicación con nosotros. La conciencia y el mundo se dan al mismo tiempo: exterior por esencia a la conciencia, el mundo es por esencia relativo a ella. Es que Husserl ve en la conciencia un hecho irreductible que ninguna imagen física puede represen-tar. Salvo, quizá, la imagen rápida y oscura del estallido. Conocer es “estallar hacia”, arrancarse de la húmeda intimidad gástrica para largarse, allá abajo, más allá de uno mismo, hacia lo que no es uno mismo, allá abajo, cerca del árbol y no obstante fuera de él, pues se me escapa y me rechaza y no puedo perderme en él más que lo que el puede diluirse en mí: fuera de él, fuera de mí. ¿Acaso no re-conocéis en esta descripción vuestras exigencias y vuestros presentimientos? Sabíais muy bien que el árbol no era vosotros, que vosotros no podíais hacerlo entrar en vuestros estómagos oscuros y que el conocimiento no podía, sin improbidad, compararse con la posesión. Al mismo tiempo la concien-cia se ha purificado, es clara como un gran viento, nada hay ya en ella, salvo un movimiento para huir, un deslizamiento fuera de sí. Si por un imposible entraseis “en” una conciencia, seríais presa de un torbellino que os arrojaría fuera, junto al árbol, en pleno polvo, pues la conciencia carece de “in-terior”; no es más que el exterior de ella misma y son esa fuga absoluta y esa negativa a ser substan-cia las que la constituyen como conciencia. Imaginaos ahora una serie ligada de estallidos que nos arrancan a nosotros mismos, que no dejan ni siquiera a un “nosotros mismos” el tiempo necesario para formarse detrás de ellos, sino que nos lanzan, al contrario, más allá de ellos, al polvo seco del mundo, a la tierra ruda, entre las cosas; imaginaos que somos rechazados y abandonados así por nuestra naturaleza misma en un mundo indiferente, hostil y reacio; habréis comprendido el sentido profundo del descubrimiento que Husserl expresa en esta frase famosa: “Toda conciencia es concien-cia de algo”. No hace falta más para terminar con la filosofía alfeñicada de la inmanencia, en la que todo se hace mediante acuerdos y permutas protoplásmicas, mediante una tibia química celular. La filosofía de la trascendencia nos arroja al camino real, entre las amenazas, bajo una luz cegadora. Ser, dice Heidegger, es ser-en-el-mundo. Comprende este “ser-en-el” en el sentido de movimiento. Ser es estallar en el mundo, es partir de una nada de mundo y de conciencia para de pronto estallar-se-conciencia-en-el-mundo. Si la conciencia trata de recuperarse, de coincidir al fin con ella misma, en caliente, con las ventanas cerradas, se aniquila. A esta necesidad que tiene la conciencia de existir como conciencia de otra cosa que ella misma Husserl la llama “intencionalidad”.Antes he hablado del conocimiento para hacerme entender mejor: la filosofía francesa, que nos ha formado, no conoce ya apenas más que la epistemología. Pero para Husserl y los fenomenólo-gos, la conciencia que adquirimos de las cosas no se limita a su conocimiento. El conocimiento o pura “representación” no es sino una de las formas posibles de mi conciencia “de” este árbol; puedo también amarlo, temerlo y odiarlo, y ese excederse de la conciencia a si misma, a la que se llama “intencionalidad”, se vuelve a encontrar en el temor, el odio y el amor. Odiar a otro es una manera más de estallar hacia él, es encontrarse de pronto frente a un desconocido del que se ve y se sufre ante todo la cualidad objetiva de “aborrecible”.
He aquí que, de repente, esas famosas reacciones “subjetivas” que flotaban en la salmuera maloliente del Espíritu se separan de él; no son sino mane-ras de descubrir el mundo. Son las cosas que se nos revelan de pronto como aborrecibles, simpáticas, horribles o amables. Es una propiedad de la máscara japonesa el ser terrible, una propiedad inagota-ble e irreductible que constituye su naturaleza misma, y no la suma de nuestras reacciones subjetivas ante un trozo de madera esculpido. Husserl ha reinstalado el horror y el encanto en las cosas. Nos ha restituido el mundo de los artistas y los profetas: espantoso, hostil, peligroso, con puertos de gracia y de amor. Ha preparado el terreno para un nuevo tratado de las pasiones que se inspiraría en esa ver-dad tan sencilla y tan profundamente desconocida por nuestros refinados: si amamos a una mujer es porque ella es amable. Nos hemos liberado de Proust, y al mismo tiempo de la “vida interior”: en vano buscaremos como Amiel, como un niño que se besa el hombro, las caricias, los mimos de nues-tra intimidad, porque, et fin de cuentas, todo está fuera, todo, inclusive nosotros mismos: fuera, en el mundo, entre los demás. No es en no sé qué retiro donde nos descubriremos, sino en el camino, en la ciudad, entre la muchedumbre, como una cosa entre las cosas, un hombre entre los hombres. Enero de 1939
Indicaciones: Se admite sólo uso del lápiz pasta.
1.- Defina, con sus propias palabras, los siguientes términos según el autor. (Comprensión: traducción):
1.1.Conciencia.______________________________________________________________________________________________________________________________________
1.2.Inmanencia______________________________________________________________________________________________________________________________________
1.3.Epistemología.___________________________________________________________________________________________________________________________________
2.- Si la conciencia es conciencia de algo (Husserl) extrapole una idea comprendida en tal afirmación, pero no explicitada.
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3-Sintetice en 4 líneas las principales ideas del texto.
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4.- ¿Está de acuerdo con Sartre sobre lo que es la conciencia? Fundamente. (evaluación)
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5.- Haga un mapa conceptual del texto (un esquema articulado) y explíquelo en el espacio asignado. (Análisis).
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